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02 mayo 2010

Los fluidos corporales en cifras


El cuerpo humano segrega toda clase de sustancias y fluidos viscosos, lágrimas, mocos, sudor, orina, excrementos, pus, sangre, como si fuéramos fuentes multicolores en la plaza de alguna gran ciudad.
MOCOS
Cada 20 minutos, la nariz segrega un líquido pegajoso que la mantiene húmeda y limpia. Los cilios, una especie de escobillas microscópicas, mueven el moco a una velocidad media de 6 milímetros por minuto.
Los mocos verdes o amarillos pueden ser un indicio de infección bacteriana.
LÁGRIMAS
En el ángulo externo del ojo se sitúan las glándulas lacrimales. Las lágrimas son un líquido salino que baña continuamente la superficie ocular, para mantenerla húmeda.
Al día, se producen una cantidad de lágrimas suficiente para llenar 3 dedales de costura. Es decir, aproximadamente un centilitro.
Según los expertos, sin embargo, las mujeres lloran más que los hombres debido a que producen en mayor cantidad una hormona conocida como prolactina.
SUDOR
Tenemos 3 millones de glándulas sudoríparas distribuidas por la piel, que segregan entre 0,7 y 12 litros de agua al día. Existen dos tipos de glándulas del sudor: las ecrinas, que permiten refrigerar el cuerpo; y las apocrinas, que nos confieren el olor personal.
SALIVA
La secreción diaria media de saliva es de 1 litro.
ORINA
Cada micción requiere unos 30 segundos de media. Y orinamos entre 400 y 2.500 mililitros al día. A lo largo de la vida, un ser humano evacua 39.000 litros de orina.
La máxima cantidad de orina que se puede miccionar de una sola vez es de 3 litros, que es la capacidad de la vedija.
HECES
Por término medio, el ser humano defeca 150 gramos de excrementos al día. 4,5 kilos al mes. 54 kilos al año. Las mujeres suelen excretar más heces que el hombre.
QUIDO MENSTRUAL
En cada menstruación se pierden de 50 a 100 gramos de sangre. El líquido menstrual es una mezcla de sangre, mucosidades segregadas por las glándulas del útero, fragmentos de mucosa necrosada y células vaginales descamadas del resto.
CURIOSO VERDAD
GRACIAS A .....

fuente http://www.genciencia.com

13 abril 2010

”Se Valiente Y La Fuerza Acudirá A Tí”


”Se valiente y la fuerza acudirá a tí” es la moraleja de esta historia llevada al cómic por Xabier Mendoza, inspirado de nuevo por Alejandro Jodorowsky:



10 abril 2010

De la Inspiración de los Científicos a la Canalización


Me interesa mucho el artículo que Lamberto García del Cid escribió en febrero del 2003 sobre la procedencia del fenómeno de la inspiración en los científicos en el que debate si las ideas de estos genios son producto del azar o más bien el premio merecedor fruto de las horas laboriosas de trabajo.  He pensado en esta fascinante cuestión en ocasiones y estoy convenciada de que en el proceso de pura inspiración estos genios están “canalizando”.  Fenómeno muy de moda hoy día en la espiritualidad.   ¿Qué significa esto? De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, CANALIZAR es (1) abrir canales, (2) Recoger corrientes de opinión, iniciativas, aspiraciones, actividades, etc. y orientarlas eficazmente, encauzarlas.  En círculos espirituales, nos referimos a la acción de “traer un mensaje divino”. Es indudable que para que una persona “canalize” ha de obtener y generar mucha energía en el campo de estudio: activar incesantemente el pensamiento e insitir constantemente en el área bajo estudio porque al ser la realidad un campo holográfico, cuanto mas mires, observes y profundices mas capaz serás de llegar al Todo o Unidad. Es decir, hay una relación directamente proporcional entre el empeño e investigación y la obtención de la Verdad. Nuestro querido amigo el Dr. Goswami nos diría que al ser semillas cuyo terreno es la conciencia, cuanto mas expandas el radio de tu propia potencialidad, mayor conciencia obtendrás.   Sin embargo muchas de las anécdotas que nos cuenta García del Cid sobre los “momentos cumbre” de inspiración de los genios que cita no ocurrieron durante las horas de mayor actividad consciente, sino mientras estaban durmiendo, o en estado sonámbulo o cuando la actividad mental -cerebral- o consciente está bajo mínimos….  Y ahora el inspirador artículo.
“La creación es la visión, también repentina,
de una perspectiva inédita.(A. Blay Fontcuberta)
¿Cómo se inspiran los científicos? ¿De dónde surgen esas ideas que forman nuevos paradigmas en la ciencia, que cambian nuestra visión del cosmos? ¿Surgen esas ideas con método y dedicación o brotan de repente como una suerte de géiser del pensamiento? Hay quienes opinan que la inspiración, en su aspecto creativo, tiene que ver con el trazado de nuevas rutas neurológicas, entendidas como procesos asociados al encuentro personal y al asombro relativos. Aquí la inspiración, identificada con la creatividad, se entiende como capacidad de dar respuestas, elaborar o inventar producciones originales, valiosas o de cuestionarse y resolver problemas de un modo inusual. A. Blay Fontcuberta considera que para conseguir esta perspectiva había que situarse en un nivel distinto del acostumbrado, abandonar lo viejo, lo trillado, dejar de dar vueltas, aunque no sea más que por un momento, alrededor de los datos conocidos. Algo que, según Fontcuberta, requiere adiestramiento. A veces son situaciones anómalas las que catalizan la inspiración, como creía Albert Einstein, quien confesó que las principales ideas sobre su Teoría se le ocurrieron cuando se hallaba enfermo. Añadía que no existía un camino lógico hacia estas leyes elementales. En lo que sí parece haber acuerdo es en que la inspiración, el toque de genio, la idea asombrosa que aparece en la mente de un investigador necesita siembra y cuidados, muchos cuidados. La mente perceptora ha de estar preparada, debe “merecerlo”.
Y para merecerlo nada como el trabajo y la dedicación. Lo que suele ocurrir es que durante la tensión del esfuerzo intelectual, agarrotados los músculos de la intuición, la inspiración se resiste, y cuando el esforzado científico se relaja, se toma un respiro, esta intuición genial aflora de forma fortuita (a falta de mejor palabra) entre las reflexiones del afortunado. La mente de este ser pensante, elástica y preparada para detectar cualquier matiz inusitado, recibe un pequeño fogonazo o débil destello que luego, tras los correspondientes trabajos, da a luz la concepción genial. Los casos más paradigmáticos, aquellos que pertenecen al acervo popular, son los casos de Newton, a quien se le ocurre su teoría de la gravedad al ver caer una manzana de un árbol, y Arquímedes, quien, sumergido en una bañera, descubrió el principio que lleva su nombre.
Podría uno extenderse sobre el particular, pues la materia da de sí, pero es preferible que sean los propios científicos quienes nos cuenten sus casos de súbita inspiración. Unos pocos de estos ejemplos nos instruirán mejor que veinte tratados de psicología de la creatividad.
August Kekulé, el químico que desentrañó la complicada estructura del benceno, aseguraba que la forma circular de dicha estructura le sobrevino durante una cabezadita que se echó mientras preparaba un manual de química frente a la chimenea. Comenzó a soñar sobre una danza de átomos que poco a poco se transformaron en serpientes y una de ellas, de repente, se mordió la cola formando un anillo. Kekulé se despertó en ese momento y se pasó la noche tratando de disponer los átomos de carbono e hidrógeno siguiendo la figura de la serpiente enroscada.
Einstein hallábase un buen día sentado en la oficina de patentes de Berna, donde trabajaba, cuando un repentino pensamiento le vino a la cabeza: “si una persona cae libremente, no sentiría su peso”. La idea le provocó un peculiar desasosiego, una excitación extraña, una inmensa impresión que finalmente le llevó a la visión de que la masa gravitacional de un objeto y su masa inercial, son en realidad la misma cosa. Esta visión de Einstein le llegó en 1907, y fue la base de su conocida Teoría de la Relatividad.
Fred Hoyle, físico británico, cuenta que en cierta ocasión le llegó la inspiración conduciendo su coche de camino hacia Escocia. Comparaba semejante revelación con la que le aconteció a San Pablo en el camino de Damasco. A finales de los años 60, Hoyle y su colaborador Jayant Narlikar habían estado trabajando sobre la teoría cosmológica del electromagnetismo, teoría que utilizaba matemáticas muy complejas. Un día, mientras trataban de solucionar una complicada integral, Hoyle decidió tomarse unas vacaciones. El investigador dejó Cambridge para dirigirse a Escocia, donde pensaba reunirse con unos colegas y hacer excursiones. Fue en la ruta hacia Escocia, a la altura de Bowes Moore, cuando de repente le sobrevino la inspiración. Una inusitada comprensión matemática alumbró su mente y le proporcionó la solución del problema que le traía a mal traer. El efecto iluminatorio, según su testimonio, apenas duró cinco segundos, pero fue lo suficientemente intenso para que pudiera almacenar en su memoria los pasos esenciales de la plausible solución. Tan convencido estaba Hoyle de la certeza de semejante revelación, que no consideró necesario detenerse para anotarla en un papel. Cuando diez días después regresó a Cambridge, no tuvo dificultad en desarrollar los pasos matemáticos que le permitieron solucionar el problema que le ocupaba.
El prestigioso físico Roger Penrose probó en 1965 que las singularidades (cantidades infinitas que aparecen en las principales fórmulas físicas y cosmológicas) son consecuencia de las ecuaciones de la relatividad general y se hallan presentes en la mayoría de las soluciones que pueden describir el universo real. Pero lo que aquí nos interesa es cómo Penrose alcanzó tan genial intuición. Paseaba una tarde conversando con un amigo y mientras cruzaban una calle tuvo un pensamiento que inmediatamente olvidó al reanudar la conversación con su acompañante. Esa noche, en casa, se sintió feliz y contento, pero ignoraba por qué. Fue al repasar lo que le había ocurrido ese día de extraordinario, que recordó ese súbito pensamiento que tuvo al cruzar la calle, a saber, que las “singularidades” debían encontrarse en todas las soluciones que cumplieran una serie de condiciones razonables, y que existía una manera de probarlo.
A comienzos de 1927 Niels Bohr, Werner Heisenberg y otros eminentes físicos discutían problemas que planteaba la novísima física atómica, en particular la dualidad onda-partícula de la realidad física. ¿Por qué existían dos descripciones completamente distintas y a la vez equivalentes de la realidad física? Así las cosas, Bohr decidió tomarse cuatro semanas de vacaciones para irse a esquiar a Noruega. En uno de sus descensos alpinos, Bohr lo vio todo claro de repente: la física no trataba de la naturaleza, sino de nuestro saber acerca de la naturaleza. Esas dos imágenes contradictorias, onda y partícula, no describían los mismos fenómenos del mundo físico, sin que más bien eran conceptos con cuya ayuda nos limitábamos a comunicar las experiencias realizadas bajo diferentes condiciones experimentales.
El naturalista Louis Agassiz, suizo nacionalizado norteamericano, se esforzó durante semanas en vano por determinar a qué especie pertenecía un pez fosilizado cuyos contornos eran apenas perceptibles. Una noche, mientras dormía, se le apareció repentinamente el animal a todo detalle. Por la mañana recordaba el sueño, pero había olvidado algunos pormenores importantes. A la noche siguiente, el sueño se repitió, pero tampoco pudo recordarlo todo al despertarse. Entonces, la siguiente noche al acostarse, el profesor Agassiz puso al alcance de su cama papel y pluma. Se despertó varías veces, pero sin recordar nada. Hacia el amanecer, el pez apareció de pronto en un sueño. Medio dormido, en la penumbra del dormitorio, Agassiz dibujó sus contornos tan bien como pudo. Por la mañana encontró el bosquejo sobre la mesilla de noche, y con él se dirigió apresuradamente al Jardin des Plantes -se encontraba entonces realizando estudios en París-, en cuyo Museo de historia natural se conservaba el fósil. Con un cincel descubrió las partes aún ocultas del pez. Asombrado descubrió que el dibujo esbozado en sueños correspondía exactamente a la forma del animal.
Igor Sikorsky, el inventor del helicóptero, tenía diez años cuando se vio a sí mismo en sueños sentado en un enorme aparato empanelado en madera de nogal, que volaba por los aires. Tres décadas más tarde, en unos astilleros americanos, supervisaba la construcción de un Clipper de cuatro motores diseñado por él. Cuando se estaban dando los últimos retoques al interior del aparato, Sikorsky subió a bordo y reparó, asombrado, que se trataba del mismo interior que viera en el sueño de su infancia.
La invención de la máquina de coser por Elias Howe también tiene su origen en un sueño, al igual que los experimentos de Otto Loewis sobre la transmisión química de los impulsos nerviosos, que en 1936 le valieron el premio Nobel. Los matemáticos también se inspiran:
“Todas las noches creía haberlo conseguido, pero
al rayar de nuevo el alba descubría al instante
el error de los resultados que había obtenido la víspera.
Al séptimo día, finalmente, las murallas se derrumbaron.
(Laurent Schwartz, matemático)
Por ser profesión afín a la ciencia, y constituir la materia de sus desvelos la principal herramienta de la que los científicos se valen, expongo a continuación casos curiosos de inspiración de algunos matemáticos. Los procesos de estas inspiraciones, tan similares a los expuestos hasta aquí, permitirán hacernos una idea más cabal de la inspiración como fenómeno creativo. Estos son los casos:
Carl Gauss estuvo durante años luchando con un problema relacionado con los números enteros. Un día, súbitamente, la solución le vino a la cabeza. El eminente matemático aseguró desconocer los hilos que le llevaron de los pensamientos que ocupaban su mente en aquel momento a la solución que buscaba. Sólo sabía que la comprensión del problema le vino de improviso, como un relámpago.
Henri Poncairé había dedicado innumerables esfuerzos y tiempo a un intrincado problema de funciones matemáticas. Un día, a punto de embarcarse en una excursión geológica, en el momento de poner pie en el autobús, le vino a la mente la solución del problema que tan ardua, e infructuosamente, había estado buscando. Asegura Poncairé que ninguno de los pensamientos que entonces ocupaban su mente, guardaba relación con los cálculos en cuestión. Y tan seguro estuvo de haber alcanzado la solución a su problema, que la almacenó en el fondo de su memoria y continuó charlando de otros asuntos. Cuando regresó de la excursión, ya tranquilo en casa, no le costó esfuerzo comprobar que la solución que tan súbitamente le sobrevino era correcta.
El también matemático Hamilton relata así el proceso que le llevó a descubrir los cuaternios: “Vinieron a la vida, o vieron la luz, completamente maduros, el 16 de octubre de 1843, cuando paseaba con la señora Hamilton hacia Dublín, justo al llegar al puente de Brougham. Allí, y en aquel momento, sentí que el circuito galvánico del pensamiento se cerraba y las chispas que saltaron de él fueron las ecuaciones fundamentales que ligan i, j, k [los nuevos números que hacen el papel de i dentro de los números complejos], exactamente igual a como los he usado siempre desde entonces… Sentí que en aquel momento se había resuelto un problema, que se había satisfecho una necesidad intelectual que me había perseguido durante más de quince años”.
El matemático indio Srinivasa Ramanujan aseguraba que una diosa hindú le pasaba las ideas mientras dormía. De ser así, la diosa no era infalible, pues Ramanujan cometió algún que otro desliz. Pero sí pródiga, a tenor de los muchos cuadernos de fórmulas que nos legó el malogrado genio indio.
María Agnesi, también matemática, aseguraba que producía sus mejores resultados mientras caminaba sonámbula.
Sirva la anterior recolección de anécdotas, sin pretensiones epistemológicas, para que reflexionemos sobre la inspiración y, de ser posible, que esa misma reflexión nos inspire. Así sea.
Sobre el autor
Lamberto García nació en Portugalete (Vizcaya) en 1951. Es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao y ha escrito numerosos artículos relacionados con la literatura y la divulgación científica. Tiene terminadas varias novelas, un libro de matemáticas y multitud de ensayos pendientes de publicación”.
FUENTE: http://www.redcientifica.com/doc/doc200407121221.html
http://zeteticismo.blogspot.com/

08 abril 2010

¿Quién Mueve tus Hilos: Eco o Narciso?


El gran psiquiatra y terapeuta, Carl Gustav Jung, alumno primero y mas tarde adversario de Freud, exploró en las profundidades de la psiquis e investigó durante más de 50 años el inconsciente humano. Para ello estudió exhaustivamente la psicología, la filosofía, la mitología, la alquimia, las religiones orientales y el misticismo occidental. De él pudo haberse dicho «Nada humano me es ajeno». Entre sus teorías elegimos para esta entrada aquella que nos desvela y nos habla sobre nosotros mismos desde el interior que todos compartimos como mitos y arquetipos.
“Eco era una joven ninfa de los bosques, parlanchina y alegre. Con su charla incesante entretenía a Hera, esposa de Zeus, y estos eran los momentos que el padre de los dioses griegos aprovechaba para mantener sus relaciones extraconyugales. Hera, furiosa cuando supo esto, condenó a Eco a no poder hablar sino solamente repetir el final de las frases que escuchara, y ella, avergonzada, abandonó los bosques que solía frecuentar, recluyéndose en una cueva cercana a un riachuelo.
Por su parte, Narciso era un muchacho precioso, hijo de la ninfa Liríope. Cuando él nació, el adivino Tiresias predijo que si se veía su imagen en un espejo sería su perdición, y así su madre evitó siempre espejos y demás objetos en los que pudiera verse reflejado. Narciso creció así hermosísimo sin ser consciente de ello, y haciendo caso omiso a las muchachas que ansiaban que se fijara en ellas.
Tal vez porque de alguna manera Narciso se estaba adelantando a su destino, siempre parecía estar ensimismado en sus propios pensamientos, como ajeno a cuanto le rodeaba. Daba largos paseos sumido en sus cavilaciones, y uno de esos paseos le llevó a las inmediaciones de la cueva donde Eco moraba. Nuestra ninfa le miró embelesada y quedó prendada de él, pero no reunió el valor suficiente para acercarse.
Narciso encontró agradable la ruta que había seguido ese día y la repitió muchos más. Eco le esperaba y le seguía en su paseo, siempre a distancia, temerosa de ser vista, hasta que un día, un ruido que hizo al pisar una ramita puso a Narciso sobre aviso de su presencia, descubriéndola cuando en vez de seguir andando tras doblar un recodo en el camino quedó esperándola. Eco palideció al ser descubierta, y luego enrojeció cuando Narciso se dirigió a ella.
- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué me sigues?
- Aquí… me sigues… -fue lo único que Eco pudo decir, maldita como estaba, habiendo perdido su voz.
Narciso siguió hablando y Eco nunca podía decir lo que deseaba. Finalmente, como la ninfa que era acudió a la ayuda de los animales, que de alguna manera le hicieron entender a Narciso el amor que Eco le profesaba. Ella le miró expectante, ansiosa… pero su risa helada la desgarró. Y así, mientras Narciso se reía de ella, de sus pretensiones, del amor que albergaba en su interior, Eco moría. Y se retiró a su cueva, donde permaneció quieta, sin moverse, repitiendo en voz queda, un susurro apenas, las últimas palabras que le había oído… “qué estúpida… qué estúpida… qué… estu… pida…”. Y dicen que allí se consumió de pena, tan quieta que llegó a convertirse en parte de la propia piedra de la cueva…
Pero el mal que haces a otros no suele salir gratis… y así, Nemesis, diosa griega que había presenciado toda la desesperación de Eco, entró en la vida de Narciso otro día que había vuelto a salir a pasear y le encantó hasta casi hacerle desfallecer de sed. Narciso recordó entonces el riachuelo donde una vez había encontrado a Eco, y sediento se encaminó hacia él. Así, a punto de beber, vio su imagen reflejada en el río. Y como había predicho Tiresias, esta imagen le perturbó enormemente. Quedó absolutamente cegado por su propia belleza, en el reflejo. Y hay quien cuenta que ahí mismo murió de inanición, ocupado eternamente en su contemplación. Otros dicen que enamorado como quedó de su imagen, quiso reunirse con ella y murió ahogado tras lanzarse a las aguas.
En cualquier caso, en el lugar de su muerte surgió una nueva flor al que se le dio su nombre: el Narciso, flor que crece sobre las aguas de los ríos, reflejándose siempre en ellos”.
Jung Revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por sobre la del consciente, lo misterioso en lugar de lo conocido, lo místico en lugar de lo científico, lo creativo en lugar de lo productivo y lo religioso en lugar de lo profano.
Uno de sus conceptos claves es el «inconsciente colectivo», fundamento del inconsciente personal, y que vincula al individuo con el conjunto de la humanidad. Descubrió que en los sueños y los mitos subyacen elementos de este inconsciente colectivo que él denominó «arquetipos». Estos no pueden comprenderse directamente por análisis intelectual, sino sólo mediante los símbolos y el lenguaje de la mitología. El arquetipo es el modelo a partir del cual se configuran las copias: es el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega.
Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquetípicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes, o sea las manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos las que - según él - «nos impresionan, influyen y fascinan». Sin embargo, los arquetipos mismos carecen de forma y no son visualizables. «El arquetipo, como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico.» Agregaba que son vacíos y carentes de forma, sólo podemos sentirlos cuando se llenan de contenido individual.
El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en su contenido. Nuestra capacidad para responder a experiencias como criaturas creadoras de imágenes es heredada. Las imágenes arquetípicas no son restos de un pensamiento arcáico sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la mente humana y el mundo exterior. Las mismas imágenes arquetípicas que aparecen en los sueños dieron origen a las remotas mitologías y religiones que han habido en la historia de la humanidad. Para Jung, esta capacidad de crear imágenes, y no la razón, es la verdadera función que nos hace humanos. Atender a estas imágenes - que no son ideas traducidas, sino el lenguaje natural del alma - nos ayuda a liberarnos de la opresión de las maneras de pensar verbal y racional que han limitado nuestra creatividad.
El pensamiento simbólico es asociativo, analógico, cargado de afecto. Nuestra vinculación con las imágenes arquetípicas puede comprometernos con la visión de un mundo interior, que puede salvarnos de la trampa de la separatividad entre sujeto y objeto.
Jung siempre hizo notar que las imágenes arquetípicas están tan conectadas con el pasado como con el futuro. Por eso son transformadoras. Decía: «El Yo no sólo contiene el depósito y la totalidad de toda la vida pasada, sino que también es un punto de arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura.
La premonición del futuro está tan claramente impresa en nuestros pensamientos más íntimos como lo está el aspecto histórico». Estas imágenes se nos presentan como líneas indicadoras que nos muestran el camino, sin obligarnos a seguirlo. «La vida no sigue líneas rectas, ni líneas cuyo curso pueda verse con gran antelación».
Jung también trascendió las limitaciones de la ciencia mecanicista describiendo una forma de conexión no causal de acontecimientos a la que llamó «sincronicidad» y que está en relación con ciertos descubrimientos de la física moderna. Se dice que el propio Einstein le alentó a desarrollar este concepto y el físico Pauli colaboró con Jung en escribir un libro sobre ese tema.
Para Jung, la mente es como un sistema autoorganizado, regido por una fuerza creativa y cósmica y que tiende a desarrollarse hacia una integración cada vez mayor. El papel del terapeuta es apoyar este proceso de integración que une nuestros aspectos tanto conscientes como inconscientes. El decía: «El terapeuta debe ser como un médico partero, que ayuda a dar a luz lo que el paciente tiene en su interior».
La realidad es que en todos los mitos hay grandes verdades escondidas.  Este que hemos narrado, en mi opinión, está repleto.  Deepak Chopra está de acuerdo con Jung y dice que todos tenemos un, dos o tres arquetipos que mueven nuestra energía vital.  Y Tú ¿Te ves más  ”reflejado” en Eco o en Narciso?
FUENTE: Extractos de los blogs http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=249
http://embrujando.iespana.es/eco.htm
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